La sonrisa en la cara

Era un señor que siempre sonreía. Le daba risa la factura del gas, el coste de un bistec de ternera y los intereses de su hipoteca. Se reía de su mujer, de cómo todos los viernes de cada mes iba a visitar a un masajista puertorriqueño, y él se quedaba partiéndose la caja en casa.

Era un señor que se reía de su frigorífico, pues ambos sufrían de inanición; y es que de verdad, el pobre frigorífico se quejaba de hambre. Lo que provocaba las mayores carcajadas de este señor era ver las notas de su hijo, que ni dando la vuelta al papel mejoraban.

Este señor se encuentra enterrado por culpa de un ataque al corazón. Lo que más gracia me hace es que murió con una sonrisa en la cara, y nadie pudo jamás quitarle esa satisfacción.

lunes 6 de diciembre de 2010

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